Piden paso, señores


Las primeras inauguraciones de la temporada a veces te deparan

sorpresas muy agradables, como es esta muestra del joven pintor

Miguel Mansanet que, a pesar de no poder identificarnos con él

generacionalmente no nos es posible obviar la aportación que su

propuesta supone para la nueva figuración.

Una iconografía que sale al encuentro de la propia experiencia

vital, huérfana de padres pero criada al amparo de hermanos

mayores (léase Carlos Alcolea, Perez Villalta o Chema Cobo) y,

sobre todo, empapada con el guiño más lúdico del abuelo (léase

Picasso). Física y pictóricamente hablando, Mansanet es un

pintor que crece bien alimentado. Tanto es así que cualquier

influencia que devora la transforma rápidamente en algo suyo.

El soporte es ese espacio en el que tiene que caber todo: la

propia historia, el juego con la técnica y el divertimento

ornamental.

La figuración de esta joven generación madrileña se aparta

del contenido expresionista que asumen pintores como

Miguel Barceló, en Barcelona, sin olvidar en sus convicciones

narrativas la fuerza expresiva del gesto, la contorsión física y

psíquica de alguien que lucha por brotar.


Gloria Collado

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